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La identidad, el sexo y otras cosas

Hace poco menos de 20 años, estando sentado en el sofa de mi casa (la de mis padres, claro) extendí un brazo y empecé a leer Nexus, de Henry Miller. El libro cayó en mis manos en el momento justo, porque pasaba una cierta crisis que necesitaba exorcizar de algún modo.

Pese a haber leído de todo ávidamente desde niño, por alguna razón siempre había pensado que yo sería incapaz de escribir narrativa. Me parecía que no tenía imaginación para inventar un argumento. Es curioso, porque aunque no me consideraba capaz de empezar una historia, si que me inventaba diálogos y variantes de la trama en la novela que estuviese leyendo, en cuanto el argumento tomaba un giro que no me gustaba, o un personaje decía algo que yo hubiera dicho de otra manera.

Miller cayó en mis manos y su protagonista saltó rápidamente de la ficción al mundo real. Mirando atrás a todo lo que había leído me dí cuenta de que todos los escritores usan su experiencia en el mundo real para crear sus personajes. Incluso los alienígenas de la ciencia ficción tienen características humanas llevadas a un extremo u otro. Muy pocos escritores inventan un mundo totalmente imaginario, aunque haya elfos inmortales y servidores de Mordor.

Las especies malvadas tienen rasgos de reptiles o de insectos, y las bondadosas son angelicales o estilizadas.

Algo me dice que los pulpos del hiper-espacio no iban a ser muy populares.

El caso es que era evidente, pero tuvo que ser Henry Miller y su narrador tan "él" para que me diera cuenta de que lo que un observador en el mundo real daba materia prima para escribir. No sólo era materia prima, sino que escribirlo era una manera de catarsis.

Miller salta de sus páginas sin ningún pudor. Toda la "Crucifixión Rosada" es así, una historia en la que el narrador y el escritor se confunden. Después leí "Trópico de Cancer" y "Trópico de Capricornio". Aunque el orden cronológico es el contrario, creo que empezar por Sexus, Nexus y Plexus estuvo mejor. Con esos libros descubrí que una vida más o menos normal da para contar historias. Con los dos Trópicos vi que una novela podía no tener argumento y funcionar como narración.

Con 20 años escribí mis primeros cuentos.

Pco después leí a Philip Roth. Empecé con "The Ghost Writer", traducido al castellano con el horrible título de "La Visita al Maestro". Mi padre me había comentado que le parecía una novela corta extraordinaria. La leí sin ver porqué era extraordinaria, pese a ser bastante buena. Por inercia seguí con "El Lamento de Portnoy" (ahora hay una nueva traducción con el título de "El Mal de Portnoy", ganas de confundir, porque el título anterior esta bastante bien). Si Miller me había saltado como un personaje de ficción que escribía, o como un escritor que novelaba su vida, Roth me llegó mucho más.

Toda la lucha de ese niño por hacerse un hombre en un mundo que le era extraño pese a ser donde había nacido me hizo identificarme como nunca me había identificado con un personaje de ficción. Objetivamente nuestras vidas y sociedades no tenían nada que ver, pero ese judío extraño en un mundo de gentiles me resultaba terriblemente cercano. Crecer era una lucha constante por intentar encajar en una sociedad que parece lejana como los gentiles le parecían a los niños judíos.

Supongo que la masturbación también tendría que ver... Aunque yo nunca he hecho eso con el hígado -ni con ninguna otra cosa comestible.

Después fui leyendo todo lo demás. La identidad y la ficción. La creación de un alger-ego que es parte de uno mismo pero que adquiere vida propia. La lucha por saber quién eres y qué eres. La lucha por distinguir lo que uno es de lo que uno crea al escribir dramatizando "los hechos:

A Miller, Keruac y Bukowski no les afecta lo que los demás opinan de sus novelas hasta el punto de que eso llegue a ser el centro del relato. Pero a Roth, la confusión entre lo que es real y lo que es parodia le afecta terriblemente. Sus padres "reales" no son opresivos y se lleva bien con ellos. No es creyente pero tampoco intenta ser antisemita.

Toda resistencia es futil. En el momento en que lo escrito es editado y leído, las interpretaciones son cuestión del lector. Decir que algo tomado en serio es una parodia, o que algo dicho en serio ha sido tomado como una ironía no sirve de nada.

Roth acaba comprendiendo eso y empieza a ejecutar piruetas sobre el tema. Novelas "autobiográficas" en las que el narrador es Roth, pero recibe cartas de Nathan Zukerman llevándole la contraria sobre lo escrito. Novelas de Zukerman en las que el narrador en primera persona empieza varias veces la narración con ciertas variantes, para saltar luego de la "ficción" a la "realidad" en la que Zukerman expresa su frustración como "escritor real" buscando una historia.

Me gustaría llegar a una conclusión tras tantas divagaciones, pero creo que me resulta tan imposible como a Roth distinguir entre el narrador y el escritor.

Estaría bien vivir la vida sin escribirla al mismo tiempo mentalmente.

O quizá no.
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